Espero que este año sea un año cargado de bendiciones para todos ustedes, y lo disfruten al lado de sus seres queridos.
8 de enero de 2009
Fin y principio de año
Espero que este año sea un año cargado de bendiciones para todos ustedes, y lo disfruten al lado de sus seres queridos.
24 de diciembre de 2008
¡Feliz Navi-Cola!
El árbol navideño de la Coca Cola se erige, con la bendición de la Municipalidad de San José, como un auténtico símbolo de la influencia y presencia de las marcas en el tejido social.
Chris Hooper, quien es director de anuncios para televisión y ha trabajado para empresas como Mc Donald’s y Coca Cola, describe su trabajo como la creación de “imágenes que sirven para vender productos a gente que realmente no los necesita”.
El trabajo de Hooper explica también por qué no se puede subestimar el poder de la publicidad y el marketing cuando juntas, estas herramientas, son capaces de convertir una simple bebida azucarada en un emporio global.
Los anuncios de Coca Cola fascinan al público. Están hechos magistralmente, y por ello, tampoco son inocentes. Desde aquel viejo comercial en donde “jóvenes de todo el mundo se reunieron en una colina de Italia” hasta la moderna “fábrica de la felicidad”, los mensajes de esta famosa bebida siempre han buscado convertir palabras, imágenes y melodías en activadores de acción.
La persuasión se vale de estos "triggers of action" para evocar respuestas deseadas, que en el caso particular de la Coca Cola, es la elección de esta bebida por encima de cualquier otra que se le parezca.
Ernest Dichter, desaparecido investigador a quien se le conocía como “señor motivación masiva”, enfatizaba con vehemencia el factor emocional en la venta de productos. Para Ditcher, cualquier producto debe apelar a nuestros sentimientos “profundamente en los rincones psicológicos de la mente”.
La Coca Cola elevó la lección de Ditcher a niveles de perfección y logró asociar su producto estrella con deseos y sentimientos arraigados en valores universales y, de paso, se apoyó hábilmente en poderosos símbolos existentes como el árbol de Navidad y el propio Santa Claus.
Lee Clow, desarrollador creativo de la campaña de Apple “Piensa diferente”, explica que las marcas son hoy en día parte del tejido social y de nuestro sistema de ordenación de las cosas. Las marcas –dice Clow- “articulan quién eres y qué valores te caracterizan”.
Quizás, por eso a nadie sorprenda ese gran árbol “navideño” ubicado al frente del Gimnasio Nacional. Ahí se ve tan normal como el hecho de que en nuestras escuelas se venda cada vez menos leche, y más Coca-Cola.
Pierre Martineau, un viejo maestro de la construcción de imágenes, aconsejaba a los comerciantes crear una situación ilógica que llevara al consumidor a enamorarse de su producto, al punto de serle leal aunque su contenido fuera similar al de las marcas competidoras. Esa lealtad ilógica requiere de una diferenciación mental y una individualización del producto, cuya “personalidad” sea un confiable factor de venta.
En esta época, esa diferenciación se llama el “lado Coca Cola de la Navidad”. Un cuento tan bien contado, que hasta la Municipalidad de San José lo quiso creer.
22 de diciembre de 2008
La carrera de la muerte
Como se trataba de una visita al cine sin planificar, no tenía muy claro la película que elegiría; así que lo dejé a la suerte y el número 8 fue el favorecido. En la sala 8 el filme que se proyectaba era La carrera de la muerte (Death Race), una película que llegó a las salas en este año, protagonizada por uno de los chicos malos de los filmes de acción, Jason Statham.
El preámbulo de la película me pareció muy interesante, pues se trataba de una cárcel administrada por la empresa privada, donde la violencia se convierte en espectáculo. Un tema candente si tomamos en cuenta que aun en nuestra querida Costa Rica a algún político le pareció que sería una excelente solución al problema que significa para el Estado el mantenimiento y administración de los centros penitenciarios.
La salida fácil de nuestros gobernantes no es algo nuevo (si les damos el beneficio de la duda respecto de sus intenciones), y lo más sencillo es pasarle el problema a otros. Pero el verdadero problema inicia cuando la rentabilidad y los ingresos ilimitados son el objetivo y no los propios del servicio que se ha puesto en manos privadas.
En la película la rehabilitación de los presos no era el objetivo, pues lo que les interesaba era tener carne humana para sus espectáculos. Incluso, se llega hasta a inculpar a inocentes para tenerlos a disposición de las autoridades carcelarias y como peones de su juego. Vemos la violencia y el sufrimiento humano como mero espectáculo (cualquier similitud con los noticiarios de la actualidad es pura coincidencia) y un negocio para personas inescrupulosas.
Por mi parte, hubo escenas en las que no dejé de arrugar el rostro y traté de cubrirme los ojos (aunque vaya en contra de mi voracidad cinéfila), pues debo admitir que la violencia extrema no me parece fuente de diversión. Quizás se deba al hecho de que no acostumbro ver las noticias por la televisión; prefiero informarme leyendo periódicos o visitando sitios informativos en la internet (costumbre, la primera heredada, de mis padres).
19 de diciembre de 2008
Tradiciones navideñas
16 de diciembre de 2008
Tránsito en la capital
Siempre que escucho a los “especialistas” referirse a las soluciones para el exceso de tránsito de vehículos en el centro de San José, quedo pasmada cuando afirman, con la seriedad que generalmente nos convence a quienes carecemos de su formación técnica, que el problema se resolvería sacando del centro el transporte público, sea, los autobuses, busetas y microbuses. Digo que quedo pasmada frente a esa afirmación, porque me parece ilógica. ¿Cómo es posible que sea mejor sacar del centro un medio de transporte que lleva alrededor de 50 personas, para darle espacio a los vehículos particulares que muchas veces solo llevan a su conductor?
Luego yo, siempre de “mal pensada” me contesto que probablemente estos “especialistas” tengan su vehículo particular; que los funcionarios públicos que los contrataron, tengan su vehículo particular; que los políticos que nombraron a los funcionarios públicos, tengan su vehículo particular; que los comerciantes que financiaron las campañas que convirtieron a los políticos en funcionarios públicos, tengan su vehículo particular…
Y, como no quiero pecar de “mal pensada”, dedico buena parte de mi tiempo a reflexionar sobre el tema: ¿a qué se debe que la solución sea quitar el transporte público del centro y no limitar el ingreso de los vehículos particulares?
Y brotan en mi mente imágenes de todos los “pobres diablos”, por supuesto yo incluida, que no tenemos carro y debemos caminar desde donde nos deja el autobús hasta nuestro trabajo. Me imagino los accidentes peatonísticos por el exceso de tránsito en las intransitables vías –valga la contradicción- llenas de huecos, hechas de material resbaladizo, obstaculizadas por los incontables puestos de venta con o sin permiso municipal y, en muchos casos, con espacio suficiente para una sola vía.
Pero… debo ponerme seria y evitar estos pensamientos que brotan de mi inconsciente, tan golpeado como mi cuerpo en el “rally” cotidiano hacia mi trabajo. Y digo que debo ponerme seria porque es necesario estar a la altura de los “especialistas” que pretenden que el bus me deje “botada”a dos kilómetros de mi destino, sin ofrecerme una opción mas que la de comprar tenis y cambiarlas por los tacones, antes de iniciar la travesía.
Sin embargo, no logro contenerme porque por absurda, la propuesta de los “especialistas” solo logra que me invada la risa; aunque, como dice un triste bolero que alguna vez escuché: “río por no llorar”.