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8 de enero de 2009

Fin y principio de año




Feliz año nuevo a todos. Estos últimos días del año 2008 y los primeros del 2009, han sido de acomodo. Finalicé el año de gira por Corcovado, uno de esos sitios maravillosos aún por descubrir para la mayoría de los costarricenses. Es una de esas bellezas del Pacífico Sur a la que casi solo los extranjeros (con dólares en sus bolsillos) tienen acceso. Yo tuve la suerte de conocerlo el año recién pasado, gracias al Club de Montañismo de la Universidad de Costa Rica. Las caminatas fueron algo pesadas, pero el orgullo que se siente al llegar a tu destino, luego de llenarte la pupila con tanta belleza, es indescriptible.

Al regreso, y ya de nuevo conectándote con las obligaciones, se dificulta un poco retomar el ritmo. Pero poco a poco lo voy logrando. Es por eso que había abandonado el blog por varios días. Sin embargo, fue una posibilidad de recabar nuevas experiencias para compartir con todos ustedes. Por ahora, les dejo algunas fotografías de Corcovado. Espero que las disfruten y les sirvan de aliciente para visitarlo.

Espero que este año sea un año cargado de bendiciones para todos ustedes, y lo disfruten al lado de sus seres queridos.

24 de diciembre de 2008

¡Feliz Navi-Cola!

Estas serán las últimas líneas que escriba en este año (a menos que el 31 tenga el impulso de escribir algo antes de que termine el año). A partir de mañana inicio una gira por Corcovado la que terminará el próximo 31. Estoy muy ilusionada por los lugares que podré conocer y algo preocupada, pues ignoro si estoy lo suficientemente en forma para soportar las caminatas (ya les contaré a mi regreso). Por ahora, los dejo con la columna de Rónald Díaz de Informatico.com, donde viene un interesante comentario sobre el árbol de Navidad de la Municipalidad de San José. Un fuerte abrazo a todos en esta Navidad.

El árbol navideño de la Coca Cola se erige, con la bendición de la Municipalidad de San José, como un auténtico símbolo de la influencia y presencia de las marcas en el tejido social.


Chris Hooper, quien es director de anuncios para televisión y ha trabajado para empresas como Mc Donald’s y Coca Cola, describe su trabajo como la creación de “imágenes que sirven para vender productos a gente que realmente no los necesita”.

El trabajo de Hooper explica también por qué no se puede subestimar el poder de la publicidad y el marketing cuando juntas, estas herramientas, son capaces de convertir una simple bebida azucarada en un emporio global.


Los anuncios de Coca Cola fascinan al público. Están hechos magistralmente, y por ello, tampoco son inocentes. Desde aquel viejo comercial en donde “jóvenes de todo el mundo se reunieron en una colina de Italia” hasta la moderna “fábrica de la felicidad”, los mensajes de esta famosa bebida siempre han buscado convertir palabras, imágenes y melodías en activadores de acción.


La persuasión se vale de estos "triggers of action" para evocar respuestas deseadas, que en el caso particular de la Coca Cola, es la elección de esta bebida por encima de cualquier otra que se le parezca.


Ernest Dichter, desaparecido investigador a quien se le conocía como “señor motivación masiva”, enfatizaba con vehemencia el factor emocional en la venta de productos. Para Ditcher, cualquier producto debe apelar a nuestros sentimientos “profundamente en los rincones psicológicos de la mente”.


La Coca Cola elevó la lección de Ditcher a niveles de perfección y logró asociar su producto estrella con deseos y sentimientos arraigados en valores universales y, de paso, se apoyó hábilmente en poderosos símbolos existentes como el árbol de Navidad y el propio Santa Claus.

Lee Clow, desarrollador creativo de la campaña de Apple “Piensa diferente”, explica que las marcas son hoy en día parte del tejido social y de nuestro sistema de ordenación de las cosas. Las marcas –dice Clow- “articulan quién eres y qué valores te caracterizan”.


Quizás, por eso a nadie sorprenda ese gran árbol “navideño” ubicado al frente del Gimnasio Nacional. Ahí se ve tan normal como el hecho de que en nuestras escuelas se venda cada vez menos leche, y más Coca-Cola.


Pierre Martineau, un viejo maestro de la construcción de imágenes, aconsejaba a los comerciantes crear una situación ilógica que llevara al consumidor a enamorarse de su producto, al punto de serle leal aunque su contenido fuera similar al de las marcas competidoras. Esa lealtad ilógica requiere de una diferenciación mental y una individualización del producto, cuya “personalidad” sea un confiable factor de venta.


En esta época, esa diferenciación se llama el “lado Coca Cola de la Navidad”. Un cuento tan bien contado, que hasta la Municipalidad de San José lo quiso creer.

19 de diciembre de 2008

Tradiciones navideñas

Por fin ha llegado el final de cuatrimestre, ya sin obligaciones académicas sobre mis espaldas, puedo darme el lujo de disfrutar plenamente el mes de diciembre, el mes de la navidad, de los vientos alisios y de las sonrisas. El mes en el que los niños están en sus casas tratando de convencer a sus padres de que se han portado muy bien a lo largo del año y esperan recibir el premio a su esfuerzo (convertido en regalos, por supuesto).

Este será el primer año en que no tenga a mi lado a mi mamá para disfrutar de los aires navideños y de los tamales. Aunque los dos últimos años no hemos podido disfrutarlos en grande, debido a la enfermedad que padeció, siempre estuvo ahí con una sonrisa y con el antojo de un tamal (que nunca sería tan bueno como los que ella hacía). Desde muchos años atrás iniciamos la costumbre de ir juntas a la misa de gallo. Cuando se puso malita, el plan era verla por la televisión o escucharla en la radio (nunca llegaba a tiempo para compartirla con ella en ese nuevo medio, pero me quedaba un rato a su lado sosteniendo su mano y contándole infinidad de cosas). Este año, no quiero faltar a la cita, sé que ella estará ahí conmigo.

9 de diciembre de 2008

Preocupaciones navideñas

Estos días me he sentido algo agobiada. Las personas tenemos la particularidad de complicarnos la vida, en épocas del año en las que deberíamos estar más relajadas y disfrutando de los cambios en el clima y los bellos recuerdos que se suman cada Navidad. Sin embargo, estamos abrumados por el trabajo, la organización de fiestas, la compra de regalos y tantos otros motivos que se nos pueden ocurrir.

Se suma a mi agobio la gira que estamos organizando para fin de año en el Club de Montañismo. Desde el 25 y hasta el 31 de diciembre estaremos en Corcovado, conociendo sitios de difícil acceso para el costarricense común y que generalmente son disfrutados solo por turistas. Será mi primera gira de tantos días, en la que deberé nivelar el peso del salveque con las comidas necesarias para recuperarme de las intensas caminatas. Una mezcla de placer y de dolor que me marcarán y engrosarán la base de datos de mis recuerdos.

Mi recomendación, y lo escribo para ver si yo también la sigo, es que dejemos de preocuparnos por las múltiples actividades pendientes y empecemos a ocuparnos. Sentémonos a terminar nuestros trabajos pendientes, hagamos las compras de lo que necesitamos para esa reunión con amigos y familiares, vayámonos de tiendas o sentémonos en casa (los más creativos), para comprar o hacer los regalos de nuestros seres más queridos... y, sobretodo, disfrutemos al máximo de cada instante, pues al final no nos quedarán las huellas de las preocupaciones, sino el recuerdo de todas las cosas que hicimos en estos días.

4 de diciembre de 2008

Contradicciones navideñas

Ayer mismo les escribí sobre la sensación que me embarga durante la época navideña y la forma en que me convenzo de que todos a mi alrededor comparten ese sentimiento. No obstante, el avance del día me hizo caer en la cuenta de que todo no es tan "lindo" como nos lo hacemos creer.

Tuve que salir a hacer algunos mandados y redescubrí lo terrible que es vivir en una urbe que, aunque no tan grande como la Ciudad de México, Nueva York o cualquier capital europea, sí es suficientemente grande y desordenada como para convertirse en un caos. Tomé conciencia nuevamente del hecho de que en la calle nadie te mira a la cara (porque si así fuera empezaríamos a sospechar), las personas caminan como si estuvieran solas en las aceras y se ignoran las normas de cortesía que en otro tiempo te obligaban a cederle el asiento a las personas mayores, a los niños y a las mujeres. Ahora tienen que emitir una ley para que nos obliguen a ceder el asiento a personas con capacidades reducidas o no aptas para el mundo que hemos construido.

Eso sin mencionar la lucha silenciosa (y a veces no tanto) entre peatones y conductores de vehículos; en la que los peatones cruzan la calle por donde se les ocurre y los conductores, si no te tiran el carro (cual toros en la plaza), te ignoran por completo y solo están pendientes de que la luz roja (que en su criterio no debería existir), se cambie a verde.

Esta es la realidad. Muy diferente de la ensoñación en la que caigo cuando llega el mes de diciembre. Pero estoy convencida de que depende de cada uno de nosotros transformar los sentimientos positivos que nos genera la época, en acciones donde la cortesía y las buenas costumbres (que no es la doble moral que ahora prevalece), tomen un lugar privilegiado; donde saludar a la gente, cruzar miradas y sonrisas a las personas que nos topamos, ceder el campo a las personas mayores, a los niños y a las mujeres (que caballerosidad no es debilidad), serán las armas que faciliten la lucha contra la deshumanización del medio.

3 de diciembre de 2008

Diciembre

No sé si les pasa lo mismo que a mí, pero el inicio de los vientos de diciembre (que este año han venido acompañados de mucha lluvia), me emociona notablemente. Ver por todos lados los colores navideños (que van desde el rojo y verde tradicionales, al blanco, azul, dorado y otros más); esa sensación de que todos están felices y sonrientes, a pesar de los problemas cotidianos; los recuerdos de navidades pasadas vividas con los seres queridos (que te entristecen cuando ya no están cerca, pero das gracias por los momentos vividos). Todo esto y mucho más representa lo que es la navidad para mí.

De este sentimiento se aprovechan los comerciantes, pues ven en los aguinaldos que se reparten este mes, la ocasión de hacerse con ese dinero. Así es como empiezan a verse por todas partes avisos que te empujan a consumir en forma irracional. Terminas lleno de cosas que no necesitas y no sabes siquiera el motivo por el cual las compraste. Es importante que, de la mano de la alegría que nos embarga, vaya una fuerte dosis de racionalidad para evitar caer en excesos. No debemos olvidar que lo más importante en estos días es estar cerca de nuestros seres queridos y darles muestras de nuestro cariño.

Esto no significa que debamos gastar en regalos caros; por el contrario, lo más importante es demostrar nuestro cariño por medio del esfuerzo personal. Por ejemplo, si somos buenos en la cocina, podemos preparar algunas galletas; si somos buenos con el uso de la tecnología, podemos copiar las canciones preferidas de alguno de nuestros familiares o amigos; si lo nuestro es el dibujo... qué tal un retrato... son infinitas las posibilidades que nos da la época, y que no debemos desperdiciar cayendo en el consumismo (sobre este tema, les recomiendo la columna de Rónald Díaz en Informa-tico.com).

Ayer, por ejemplo, disfruté de los villancicos interpretados por varios coros en la Plaza de la Cultura, y fue muy agradable compartir ese rato con las personas que se detenían de sus carreras cotidianas para disfrutar del canto. En ese momento, todos somos conocidos, pues en las letras de las viejas canciones navideñas, que son un legado de la humanidad, está el sentir de los pueblos de todas las épocas y de los diferentes países. Me pareció interesante el comentario de uno de los directores de coro, pues mencionó que muchos villancicos eran de autor desconocido... anónimos; inmediatamente pensé que era porque se trataba de la creación de un pueblo, de la manifestación de un sentir popular que cada año recogemos, entre sonrisas y, ahora, cubiertos por bufandas y guantes.