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21 de enero de 2009

In treatment

Hoy le toca el turno a la serie de televisión, también de HBO, In treatment, por la cual obtuvo el premio como mejor actor de drama en televisión, Gabriel Byrne (que podemos recordar en Stigmata y en Mujercitas).

Les transcribo un comentario escrito a raíz de la primera semana de exhibición de la serie en España:

De la mano de esa garantía de calidad que es el canal por cable HBO nos llega «In Treatment», una serie atípica tanto por su planteamiento como por su rutina de emisión.

Argumento: Paul Weston es un psicoterapeuta que realiza sesiones semanales en su domicilio a diversos pacientes: una anestesióloga que acaba enamorándose de él, un piloto militar traumatizado por una de sus misiones, una adolescente con posibles tendencias suicidas, una pareja que está decidiendo si abortar o tener el hijo que están esperando... Sin embargo esas sesiones y sus propios problemas personales ocasionan que Paul termine acudiendo él mismo como paciente a Gina, su antigua supervisora, ya retirada y con la que siempre tuvo una relación difícil.

«In Treatment» es una serie en esencia realmente simple, y precisamente en su simplicidad radica su virtud. A ello contribuye su particular ritmo de emisión: un episodio de lunes a viernes; los cuatro primeros dedicados a las sesiones regulares para que el viernes Paul cambie de asiento y pase a ser un paciente más.

La sencillez se traslada al formato de cada episodio. Psicólogo y paciente hablando, simplemente hablando, uno enfrente del otro; sin ninguna escena que corte el diálogo, sin recuerdos escenificados, sin flashbacks, sin ningún artificio que distraiga de lo que realmente importa: los personajes. Tan sólo unos retazos de la vida personal de Paul, previos o posteriores a las sesiones, sirven para ir hilando la serie semana a semana.

Por supuesto la serie recae enteramente sobre los actores, lo que de por sí constituye un gran riesgo. Sin embargo unos magníficos diálogos y unas notables interpretaciones logran que el riesgo merezca la pena, conformando el que hasta hoy es el mejor estreno de la temporada. Como psicoterapeutas encontramos a dos veteranos: Gabriel Byrne («El Fin de los Días», «Stigmata») como Paul y Dianne Wiest («Balas Sobre Broadway», «Hannah y sus Hermanas») como Gina. Entre los pacientes del primero encontramos a actores como Melissa George («Alias»), magnífica pese a que hasta la fecha nunca me había convencido, Blair Underwood, (pluriempleado al participar en otras dos series actualmente en el aire: «Dirty Sexy Money» y «The New Adventures Of Old Christine») y Josh Charles («Sports Night»).

«In Treatment» es la perfecta muestra de que entre tanto fuego de artificio puede triunfar un producto sencillo y bien elaborado, sin más pretensiones que la de construir unos buenos personajes y mostrárselos al espectador tal cual, sin dobleces. De tan simple que es en su concepto, es una serie que hasta podría realizarse en España. Si aquí hubiera talento y/o se apostara por él, claro. En definitiva, una de esas series que te atrapa sin saber muy bien por qué, y a la que todo el mundo debería dar una oportunidad. Por supuesto habrá gente que la encuentre aburrida. Para esas personas la televisión americana creó la segunda y la tercera temporadas de «Prison Break»: acciones supuestamente espectaculares que no van a ningún sitio. Para los que buscan algo más en una serie, «In Treatment» es una apuesta segura.

15 de enero de 2009

The wrestler

Esta película obtuvo dos premios, a Mickey Rourke como mejor actor dramático y a Bruce Springteen (El Jefe), por su canción, tema original de la película con el mismo nombre. Fue la vuelta a los titulares de dos grandes iconos de los 80. La película está dirigida por Darren Aronofsky (el mismo de Requiem por un sueño) y obtuvo el León de Oro del Festival de Venecia, como mejor película.

Les copio el comentario de Pablo Calvi, publicado en Terra Magazine:

Sentado a la entrada de su casa rodante en un estacionamiento en New Jersey, la chaqueta de nylon azul polar desgarrada longitudinalmente en la manga izquierda y sin dinero para pagar la renta varios meses atrasada, Randy "The Ram" Robinson se decide a abrazar su última oportunidad. Ya han pasado casi 20 años de aquella noche de gloria en el Madison Square Garden. Miles fanáticos de la lucha, recuerda, compraron entradas para verlo desplegar con la fuerza de un toro sus mejores trucos, patadas voladoras y llaves al cuello en un combate histórico contra su acérrimo rival, el misterioso Ayatollah.

Hoy sin embargo la fuerza no es la misma y los músculos hinchados de esteroides duelen más que nunca cada vez que se apagan las luces del ring. Claro que el dolor físico no es lo que le afecta a Randy, ni tampoco el olor a fracaso que se filtra por detrás de la puerta de su trailer cerrado, sino el hecho de que son cada vez menos los que todavía lo recuerdan. Por eso, a pesar de todo, de la soledad, de un trabajo como changarín en un supermercado de segunda categoría, la oferta enciende una última luz de esperanza y seduce al luchador desde lo más profundo de su inocencia: "por qué no montar, 20 años después, una lucha de despedida, un combate final entre "The Ram" y Ayatollah".

La historia de Robinson, un ficticio luchador de catch ha llegado a los cines para convertirse quizás en uno de los regresos más memorables de los últimos tiempos. Por un lado, The Wrestler es el esperado retorno tras las cámaras del obsesivo director brooklynita Darren Aronofsky (Pi, Réquiem for a Dream). Pero el segundo retorno, mucho más inesperado y quizás por ello tanto más grato y conmovedor, es el de uno de los más legendarios chicos malos del Hollywood, el temperamental Mickey Rourke

"Soy apenas un pedazo de carne que se ha roto", le dice Randy/Rourke entre confesional y arrepentido a su hija luego de enterarse de que sólo podrá volver al ring a costa de su vida. La frase, que conjura la imagen de uno de esos perdedores eternos en los que se empeña Aronofsky, suena de maravillas en los labios hinchados, despedazados de un Rourke que ya perdió detrás de los abusos la media sonrisa entre sensual y filosa que fuera su firma en filmes como Nueve Semanas y Media o Rumble Fish.

Es que en The Wrestler se da una situación muy particular en la que el soñado regreso del personaje a la lucha y a la fama se mueve en paralelo al regreso del actor a las primeras planas y al centro de la pantalla. "Fueron diez años en los que hice casi todo como para dañar mi reputación, tomé muy malas decisiones y todo me lo debo a mí mismo", confesó Rourke durante una charla nocturna con David Letterman. "Pero el pasado es pasado".

Y sin dudas es ese pasado lo que emerge con suprema intensidad en el luchador que compone Rourke. Y ese es el principal motivo por el cual Aronofsky peleó con uñas y dientes para que el estudio aceptase el protagónico del ex sex symbol.

"Me consideraban inestable, decían que causaba problemas, y tenían razón", vuelve a confesarse Rourke ante las cámaras tras revelar que, como medida preventiva ante la inminencia de su contratación, el estudio redujo el presupuesto del film a unos magros seis millones de dólares. "Pero he cambiado, ya no soy ni el chico lindo ni el chico malo que fui".

Lindo, claro está, ya no es. Pero hay una complejidad que emana de ese rostro desfigurado y que resulta mucho más poderosa y cautivante que la sonrisa de antaño. Es que detrás de este nuevo rostro casi desfigurado se ven con claridad los restos de una búsqueda desesperada.

Según el director de The Wrestler esa fue la fórmula perfecta para que Randy, el luchador encarnado por Rourke, cobrase vida: unas gotas de frescura, la de un nuevo comienzo, una pizca de inocencia y vanidad bien derrotadas, y muchas pero muchas medidas de fracaso y de dolor.

14 de enero de 2009

The reader (El lector)

Ya teniendo en mente los filmes recientemente galardonados que, como es usual en Costa Rica, la mayoría no se han exhibido pero probablemente sí se haga en los próximos días, les voy a dar información sobre algunos de ellos. Hoy empezaré con la película The reader del director de la recordada Las horas, por la cual Nicole Kidman obtuvo un óscar (ahora es Kate Winslet quien recibe el globo de oro por su actuación).

Les copio lo que aparece en el sitio La butaca

Dirección: Stephen Daldry.
Países: USA y Alemania.
Año: 2008.
Género: Drama.
Interpretación: Kate Winslet (Hanna Schmitz), Ralph Fiennes (Michael Berg adulto), David Kross (Michael Berg joven), Lena Olin (Rose), Bruno Ganz (profesor Rohl).
Guión: David Hare; basado en la novela "El lector" de Bernhard Schlink.
Producción: Anthony Minghella, Sydney Pollack, Donna Gigliotti y Redmond Morris.
Música: Nico Muhly.
Fotografía: Chris Menges y Roger Deakins.
Montaje: Claire Simpson.
Diseño de producción: Brigitte Broch.
Vestuario: Ann Roth.

"The reader" es una cautivadora historia de amor y secretos, horror y compasión, situada en el contexto de la Alemania de posguerra. Cuando cae enfermo en su camino a casa desde el colegio, Michael Berg, un joven de 15 años, es rescatado por Hanna (Kate Winslet), una mujer que le dobla la edad. Ambos comienzan un inesperado y apasionado idilio hasta que Hanna desaparece inesperadamente. Ocho años después, Michael, convertido en un joven estudiante de Derecho, vuelve a encontrarse con su antigua amante mientras está como observador en un tribunal donde se está juzgando a colaboradores de la Alemania nazi. Hanna está acusada de un horrible crimen. Michael, gradualmente, se va dando cuenta de que el amor de su juventud guarda un secreto que considera aún más vergonzoso que el asesinato.