17 de septiembre de 2011

El secreto de sus ojos: miradas que te roban la vida

Una de las desventajas que tenemos los cinéfilos ticos, es la poca distribución de películas que se da en el país, adonde llegan solo los filmes que han tenido algún éxito en taquilla. De vez en cuando podemos ver alguna película que no llene este requisito, aunque generalmente luego de varios años de su estreno. Otras veces nos llegan algunas buenas películas recién salidas del horno, pero están tan poco tiempo en cartelera, que si no estamos atentos nos las podemos perder.

A mí me apasiona el cine, pero como debe ser, en una sala de cine. No me gusta tanto verlas en el televisor, aunque a veces no queda otra opción. Muchas veces no alquilo el video o me prendo de las programación en la tele, con la esperanza de que la Sala Garbo o el Cine Universitario (UCR) proyecte alguna de las películas que llegaron al país y pasaron volando o que del todo no llegaron a las salas de los moles (porque ya sin el Magaly no queda más remedio que ir a esos horribles lugares con ese desagradable olor a palomitas dulces).

Pero mejor dejo a un lado mi "pitufo gruñón" interno y les comento de mi más reciente visita a la Sala Garbo, para ver El secreto de sus ojos, del director Juan José Campanella (quien ha dirigido algunos capítulos de la serie de televisión House). Esta película fue estrenada en el año 2009 y obtuvo el premio Óscar a la mejor película en habla no inglesa, pero como les contaba, no es sino hasta ahora que tengo la oportunidad de verla.

Está basada en la novela del escritor argentino Eduardo Sacheri, La pregunta de tus ojos;  y, tal y como se adelanta en el título (tanto del filme como de la novela), cuenta una historia donde la mirada es la protagonista: la mirada de la víctima, la mirada del asesino, la mirada del viudo, la mirada de Irene...

Se dice que los ojos son el espejo del alma. Más allá de la posibilidad de saber el tipo de persona que tenemos al frente con tan solo mirar a sus ojos, lo que sí es claro es que los ojos hablan (creo que alguno de los personajes lo dijo y ahora yo le robo la frase, como probablemente él o ella se la robó a alguien más); sin embargo, a veces no queremos escuchar lo que nos dicen. Benjamín, enamorado de Irene, prefiere no leer en su mirada y se concentra en la mirada de la víctima, en la mirada de su asesino y en la mirada de su viudo. Esa historia transcurre en forma paralela a la historia de su vida, pues en buena medida la marcó por más de veinticinco años.

Su habilidad para leer en la mirada le permite esclarecer el crimen, pero a la justicia no le favorece demasiado la venda que cubre sus ojos, pues los políticos corruptos siempre hacen con ella lo que les da la gana mientras ella juega con su balanza. El caso es que aquí el criminal no cumple con la cadena perpetua a que había sido condenado, y no solo eso, sino que tiene el suficiente poder para obligar a Benjamín a alejarse por veinticinco años de su vida, de su trabajo y de Irene.

El tiempo pasa y Benjamín, ya retirado, decide escribir sobre esa historia que lo ha acompañado buena parte de su vida. Morales, el viudo, le recomienda que deje de pensar en el pasado, pues "va a tener mil pasados y ningún futuro". Irene, la mujer de las miradas que enamoran a Benjamín y que él torpemente ignora, ya le había dado una gran lección de vida al afirmar "[m]i vida entera ha sido mirar para adelante. Atrás no es mi jurisdicción. Me declaro incompetente".

Sin embargo, su insistencia le permite, una vez más, descubrir lo ocurrido y calmar sus recuerdos y, ahora sí, concentrarse en el futuro; pero, sobre todo, a partir de su presente. Ese presente que no sería fácil (como lo afirmaba Irene), pero que le permitiría vivir la vida que había deseado todo ese tiempo. Era claro que tenía que dejar atrás el pasado para recuperar su vida o, más bien, para vivirla.

1 de abril de 2011

Literal: El cisne negro de Aronofsky

Esa fue la primera palabra que vino a mi mente al ver la película de Darren Aronofsky, El cisne negro. Pues literal es la interpretación que Nina (la protagonista) hace de El lago de los cisnes; donde se funden dos personajes en una sola bailarina, en tanto ella se escinde y se parte, como la figura de la caja de música, como ella misma en ese sueño que es su realidad.


Nina es literal y, por ello, se ajusta "al pie de la letra" a la técnica del ballet; por eso se la llama rígida, frígida; perfecta en sus formas pero carente de pasión. Ella se inmola, se flagela, en pos de la perfección; pero ese autosacrificio es innecesario; al igual que el sacrificio que hizo su madre al dejar su carrera de bailarina. ¡Dios nos proteja de las madres sacrificadas!


El manejo de la cámara desde el inicio del film, nos lleva a observar el mundo desde la mirada de Nina. Por ello, vamos de un lado a otro sin poder distinguir entre la realidad y la fantasía; entre la vida y el sueño, como un Segismundo moderno. Pero, a diferencia del teatro clásico español, la película de Aronofsky nos lleva poco a poco al borde de la locura... para poder observar, desde allí, ya liberados por la cámara de esa identificación con Nina, su derrumbamiento, su inmolación, su sacrificio, literal, en escena.


Natalie Portman... sencillamente magistral. Merecidos todos los premios que ha recibido. Y no podemos ignorar el excelente soporte de actores consagrados y noveles que le dan a la película una gran fortaleza: Barbara Hershey, Vincent Cassel, Winona Ryder y Mila Kunis. Todos nos llevan de la mano por esa puesta en escena o puesta en acto de la locura; de la cual solo nosotros somos los horrorizados testigos.

26 de septiembre de 2010

El cine de mi vida

El cine siempre ha sido mi pasión. Recuerdo que de niña, era feliz cuando la escuela organizaba una función en el cine Roble de Alajuelita, porque teníamos que comprar al menos una entrada, y eso me aseguraba la asistencia.
No teníamos muchos recursos económicos, así que las visitas al cine eran ocasionales. Recuerdo una vez que mi mamá me llevó, junto a mis otros hermanos, a ver Astroboy. También recuerdo haber visto una película que se llama El karateca rompehuesos. Y, creo que la última película que vi en ese cine fue con mi papá.
En el colegio tuve la oportunidad de ver alguna de las películas de la pantera rosa en el cine Zaida, gracias a que mi colegio, el Liceo del Sur, se vería beneficiado con la taquilla.
Al ingresar a la Universidad de Costa Rica, tuve la dicha de asistir a las funciones de la Cinemateca de Estudios Generales, lo que me permitió disfrutar de películas que no hubiera podido apreciar de otra manera. No olvido cuanto lloré viendo Ifigenia. El curso de Apreciación de cine, del ciclo de Humanidades, modificó mi mirada de tal forma que ya no eran esos ojillos asombrados ante el espectáculo de la cinematografía, los que absorbían cada escena.
El trabajo me dio la posibilidad de contar con mayores recursos y posibilidades para ir a todos esos cines que había en San José. Las visitas al cine se hicieron más regulares, hasta adoptar la costumbre de ir al menos una vez a la semana. Antes de que construyeran el mol en San Pedro, yo disfrutaba del sétimo arte en el majestuoso cine Rex, en el Bellavista, el Capri, el Universal, el California, ahora inexistentes; y en el Magaly, la Sala Garbo y hasta en el Laurence Olivier.
Últimamente mis visitas al cine se han distanciado. Pareciera que los días ya no alcanzan para todo lo que hay que hacer. Los momentos desocupados quiero disfrutarlos al máximo al lado de mi pareja, quien no comparte mi pasión por el cine.
Ahora, en lugar de sentarme, como el personaje de Kosinsky en Desde el jardín, mirando lo que sucede en la pantalla, me he convertido en la protagonista de mi propia historia. Me he dedicado a construir una vida al lado de la persona que amo y un espacio para desarrollarme profesionalmente.
Sin embargo, el cine, como el teatro griego en su momento, siempre será ese espacio en el que junto con el protagonista escaparé de las balas, me enamoraré o lloraré por un dolor irresistible; allí seré una descubridora o creadora de nuevos mundos; una mujer exitosa o una fracasada; seré una heroína o seré la persona más triste del planeta.
En el cine siempre tendré la posibilidad de reír, llorar, asombrarme y vivir todo tipo de emociones, sin que deba mantenerlas en forma permanente, sin que sean realmente mías. Solo me quedará la satisfacción que produce resordar esos momentos en los que la ficción parece ser parte de la realidad... de mi realidad.

4 de febrero de 2010

Mi regalo de Navidad

El año pasado, mi regalo de Navidad sufrió un leve retraso; pero, la emoción por la cual me vi embargada en el momento en que abrí la caja, superó con creces los inconvenientes de faltar a la tradición. El caso es que en el pesado paquete que me entregaron, venían un par de libros de tapa amarilla, desde los Estados Unidos (pues si eran comprados en España el costo sería mayor). Así, desde el imperio angloparlante llegó a mis manos la Nueva gramática de la lengua española; gusto que muy pocos en Costa Rica disfrutamos, pues de momento no aparece en las librerías locales.

Y esta edición de la Gramática tiene un sentido especial para todos los filólogos que nos hemos formado con el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, que desde 1974 ha sido el libro de texto para los filólogos del español en todo el mundo. La última vez que la Real Academia de la Lengua editó la Gramática fue en 1931; en 1924 se le cambió el nombre a “española” en lugar de “castellana”; antes de eso, la edición de 1920 solo agregaba un nuevo capítulo a la de 1917. La primera se publicó en 1771.

Según se indica en el prólogo del libro, tal retraso obedece a la enorme cantidad de textos que se han publicado durante el siglo pasado y lo que llevamos de este; particularmente en las últimas décadas, en las que el uso de las nuevas tecnologías facilita la publicación de diversos escritos teóricos sobre la lengua española.

En el texto queda muy clara la posición de los redactores en el sentido de que se reúnen dos vertientes: la descriptiva y la normativa; a fin de tratar de hacer una presentación amplia sobre los usos del español en los diferentes países y regiones, sin dejar de lado la clásica posición prescriptiva de la Academia. Sin embargo, se señala que este texto pretende conjugar la tradición con la novedad y, a diferencia del Diccionario panhispánico de dudas, dar un mayor espacio a la descripción de los fenómenos. Se interesa, en particular, por la descripción de las diferentes variedades lingüísticas (histórica, geográfica, social); particularmente las variedades sociales, que se refieren a los sociolectos (habla popular frente a habla culta o hablas según sexo, profesión u otras clasificaciones) o a los niveles de la lengua (lengua coloquial o en situaciones formales; o el habla espontánea frente al habla más cuidada). El corpus utilizado lo conforman textos literarios, ensayísticos, científicos, periodísticos y otros –los menos- de procedencia oral.

Para realizar las descripciones de los diferentes usos, la Real Academia organizó a los hablantes en zonas o áreas lingüísticas: Chile, Río de la Plata, área andina, México y Centroamérica, Antillas, Estados Unidos y Filipinas y España. Por nuestra área participó el miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, Miguel Ángel Quesada Pacheco, connotado lingüista costarricense. En los créditos de la edición, también se menciona la participación de de los académicos Estrella Cartín de Guier (actual presidenta), Alberto F. Cañas Escalante y Adolfo Constenla Umaña; y el colaborador Cristian Eduardo Fallas Alvarado.

Es claro que este texto está dirigido principalmente a especialistas de la lengua (filólogos y lingüistas); sin embargo, la Real Academia anuncia la aparición próximamente de un manual (con propósito divulgativo y dirigido a no especialistas) y de una edición básica o esencial (adaptable al ámbito escolar).

Finaliza el prólogo con la invitación a enviar comentarios y recomendaciones a las diferentes academias, todo con el propósito de mejorar el texto y, sobre todo, de “servir a la unidad del español”.

30 de septiembre de 2009

La escritura literaria de madame Blavatsky

Hace algunos meses tuve la oportunidad de asistir a un coloquio sobre literatura costarricense en la Universidad de Costa Rica. En una de las ponencias, en la que se aludía a la literatura gótica, se mencionó a Helena Petrovna Blavatsky, una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica. Si bien es cierto es poco lo que sé sobre ella y el movimiento que fundó, me sorprendió enormemente que hubiera escrito literatura.


Me di entonces a la tarea de encontrar el texto mencionado (Narraciones ocultistas y cuentos macabros), el cual ubiqué en la internet. El libro consta de varios relatos, con títulos que evocan mundos mágicos: “La cueva de los ecos”, “Un Matusalén ártico”, “El campo luminoso”, “Una vida encantada”, “La hazaña de un Gossain hindú”, “Demonología y magia eclesiástica”, “Asesinato a distancia”, “La mano misteriosa”, “El alma de un violín”, “Los espíritus vampiros”, “La resurrección de los muertos” y “La imaginación, la magia y el ocultismo”. Sin embargo, a medida que avanzaba en la lectura, me llamó la atención el estilo de la autora, quien utiliza como mecanismo para dar mayor verosimilitud a sus textos, las citas de diversos autores y de fuentes autorizadas de la época; incluso algunos relatos fueron tomados de publicaciones hechas en revistas o son narrados de primera o segunda mano.


Lo que sí es claro es el hecho de que en todos los relatos se descubre una reflexión, directa o indirecta, sobre los misterios que día a día marcan la vida de las personas. En ese sentido es interesante que muchas de las historias narradas ocurran en países orientales, en los que la lógica del discurso cartesiano, que minimiza aquello que no puede explicar, no ha logrado vencer la sabiduría eterna, imposible de descifrar con la aplicación del método científico.


Aclaro que los relatos de Blavatsky no son relatos de terror (aunque sí podrían producirnos algunas pesadillas, ante la posibilidad de vernos como protagonistas de las historias), sino que se trata solamente de la narración de situaciones que en algún momento de la vida del narrador (o narradora), le produjeron una impresión o le marcaron. La narración se convierte en un medio de exculpación (como en el caso del protagonista de “Una vida encantada”, quien es víctima de su escepticismo) o una forma de compartir esos cabos sueltos que imposibilitan una explicación lógica (única forma de apoderarse de ese saber).


Más allá del placer que por sí misma tiene la lectura, leer estos relatos de madame Blavatsky nos da la oportunidad de acercarnos someramente a ese conocimiento ancestral que el ser humano ha perdido con el pasar de los años y con su ferviente deseo de aferrarse a la vida y a los placeres cotidianos (esas “cien mentiras” de las que nos habla Sabina en su canción).


Pero también se convierte en una invitación para leer otros textos de la fundadora de la Sociedad Teosófica, textos que podrían acercarnos un poco más a ese ser humano original, a ese saber que hemos perdido, a esa trascendencia por la que hemos perdido todo interés.