16 de febrero de 2009

¡Por favor, no nos divorcien!

En el estado de California, Estados Unidos, se aprobó hace un tiempo el matrimonio entre personas del mismo sexo. Durante las elecciones presidenciales se aprobó la Propuesta 8, según la cual se deja sin efecto tal posibilidad y las personas que se casaron deberán divorciarse. Ellen DeGeneres, con su sagaz humor, en el discurso de agradecimiento por la entrega de un premio en los People's Choice Awards, lo dedica a Portia De Rossi, con quien contrajo matrimonio, pero que por el apoyo a la Propuesta 8 podría ser tan solo su roomate (compañera de piso).

El abogado Ken Starr está promoviendo la Propuesta 8, a fin de que las personas que se casaron (alrededor de 18.000), tengan que divorciarse. El próximo 5 de marzo, la Corte Suprema del Estado recibirá argumentos en favor y en contra y tendrá 90 días de plazo para pronunciarse.

Con este propósito se ha iniciado la campaña denominada "¡Por favor, no nos divorcien!", que tomó las fotografías que enviaron tanto parejas homosexuales como personas heterosexuales que están a favor del matrimonio homosexual, donde piden que no se les obligue a deshacer el vínculo. El video, con música de Regina Spektor, es muy emotivo. Lo pueden ver en el sitio web de la campaña o en Youtube.

Las imágenes son muy emotivas, y nos hacen tomar conciencia de la realidad de que la familia tradicional es cosa del pasado. Ahora, solo se conforman por grupos de personas que se aman y quieren compartir su vida juntas. En todo caso, el amor debe prevalecer y qué mejor imagen de eso que la última escena de la campaña, en donde se ve el rostro emocionado de un joven que parece haber cumplido su sueño de casarse con la persona amada.

27 de enero de 2009

Compremos productos de Industrias El Ángel

Les transcribo este comentario de Rónald Díaz, publicado en Informatico.com, sobre la forma en que la compañía Industrias El Ángel, enfrentó la emergencia suscitada con el terremoto que destruyó la comunidad de La Cinchona. Como consumidores, debemos premiar a las empresas que actúan con responsabilidad y castigar a quienes dañan el ambiente y a sus trabajadores.

De ángeles y tragedias

Industrias El Ángel: un ejemplo de responsabilidad social aplicada en medio de la adversidad


¿Es correcto que una empresa gaste el dinero de los accionistas en conceptos que considere socialmente responsables? Milton Friedman, economista de prestigio mundial y ganador de un premio Nobel en este campo, considera que no.

Friedman asegura que la responsabilidad única de los ejecutivos de una empresa es ganar todo el dinero posible para enriquecer a los accionistas, y que invertir en asuntos sociales y medioambientales es válido solo si sirven como un medio para maximizar la riqueza del accionario.

Esto explica por qué el concepto de “responsabilidad social corporativa” (RSC) es usado por muchas compañías como una herramienta de relaciones públicas, sin que sus prácticas de producción, trato con los empleados y relación armoniosa con la comunidad lleguen a respaldar lo dicho, con lo hecho.

La buena noticia es que algunas empresas ven las cosas de un modo distinto, y están convencidas de que el éxito financiero de su negocio no tiene porque ser incompatible con ese concepto básico de la RSC de involucrarse y tomar en cuenta las necesidades económicas, sociales y ambientales del país o comunidad en donde se establecen.

Y así como los amigos verdaderos se conocen en los momentos difíciles, también las buenas empresas sobresalen por su reacción ante la adversidad. El comportamiento del grupo agroindustrial El Ángel S.A., que opera desde 1973 en la hoy devastada comunidad de La Cinchona, es ejemplar.

Luego del terremoto del pasado 8 enero trascendió en los medios de comunicación una noticia poco usual. La empresa, a pesar de estar paralizada por los daños sufridos decidió garantizar dos meses de salario a sus 300 empleados; esto con el fin de ayudarlos en su proceso de recuperación.

La presidenta de la compañía, Ana Lía García, hizo el anuncio minutos antes de tomar un helicóptero y desplazarse a los albergues para visitar a algunos de sus trabajadores allí alojados y darles en persona una voz de aliento.

Y hay más. La víspera del terremoto, Industrias El Ángel había organizado, con sus propias brigadas de seguridad, un repaso del protocolo de evacuación del inmueble; gracias a ello, el terremoto no los tomó desprevenidos y todos los empleados lograron salir ilesos.

La conducta de esta empresa ha generado un apoyo recíproco por parte del gobierno, proveedores y organizaciones de socorro, y la ciudadanía tampoco ha sido indiferente. En la actualidad circulan por Internet correos masivos de consumidores que invitan a compensar la comprometida actitud de El Ángel, con la adquisición de sus productos en la pulpería o el supermercado.

En suma. Industrias El Ángel logró, sin proponérselo, apegados a los valores de su filosofía empresarial, ese “good will” de marca que otros intentan crear invirtiendo grandes sumas de dinero en patrocinios y campañas publicitarias desasociadas de su realidad empresarial.

O en circunstancias de emergencia como la provocada por el terremoto, con la firma de un cheque cuyo monto se calcula con base en el valor de la fotografía en el diario, o los 15 segundos en la televisión.

26 de enero de 2009

Wall-E

El Globo de Oro a la mejor película animada, fue otorgado a la película de Disney Wall-E. Les transcribo la crítica de José Arce, que aparece en el sitio La Butaca:

El cine de animación digital se ha convertido, por derecho propio, en un género en sí mismo. Dentro del ingente catálogo de producciones que han inundado las salas comerciales durante los últimos años, podemos encontrar propuestas que van mucho más allá del mero entretenimiento familiar que garantizaba la pionera “Toy story”, que pasmó al mundo hace ya trece largos años; así, la velocidad en el desarrollo de las tecnologías CGI y la mayor inversión de las majors han provocado que no haya un gran estudio sin su propia división dedicada a superarse a sí misma y a sus rivales con cada nueva propuesta. Pero la gran diferencia de este ramal cinematográfico respecto de cualquiera de sus hermanos es la solvencia de cara a la taquilla, una rentabilidad casi garantizada más allá de la calidad de lo que se proponga, no siempre tan notoria como se deseara; así, ante la amenaza continua de la saturación ─inevitable en los tiempos que corren─, no podemos sino congratularnos enormemente de que los magos de Pixar hayan creado esta obra maestra definitiva.

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En un futuro más cercano de lo que nos gustaría, la Tierra se ha convertido en un vertedero inhabitable, infestado de deshechos y porquería; la humanidad ─o lo que queda de ella─ ha abandonado el planeta azul y navega a la deriva en una gigantesca nave espacial, Axioma; lo que fuera nuestro hogar es ahora un erial irrecuperable, en el que la única actividad que puede apreciarse es la de un pequeño robot de limpieza que recorre la vasta extensión yerma reconvirtiendo la basura en bloques que almacena metódicamente. Todo cambia el día que conoce a un androide de reconocimiento enviado desde la galaxia en busca de alguna prueba de vida. “WALL•E” cuenta con todos los ingredientes necesarios para convertirse en uno de los más grandes taquillazos de esta era de superación de lo analógico: un diseño sencillamente espectacular, una historia emotiva, un personaje central que hará las delicias de los más pequeños, momentos hilarantes, escenas de acción, y ese largo etcétera de peculiaridades consustanciales a un proyecto de estas características. Pero más allá de todo ello, la nueva joya de Andrew Stanton busca una platea mucho más consciente del mensaje que yace bajo lo que acontece; no exenta de mala uva, la trama se ambienta en un entorno devastado por nuestra propia inconsciencia, y la mugre empaña tanto la superficie terráquea como el exterior, atestado de desperdicios flotantes, mientras que nuestro único referente durante el primer rollo es un cachivache destartalado y obsoleto que además tiene una cucaracha por mascota, bichejo repugnante a los ojos de la mayoría convertido aquí en simpática representación de la vida, retorcido icono de lo que come y respira frente a lo inane de la maquinaria muerta.

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La ciencia ficción nos ha planteado en infinidad de ocasiones la posibilidad de que las máquinas piensen, sientan y comuniquen sus emociones; aquí, sin embargo, no hay más opción, y todo se supedita a la interacción entre el pequeño WALL•E y la aséptica, pura, limpia y artificialmente hermosa y perfecta EVE. Nuestra raza aparece obesa y atrofiada, enclaustrada toscamente frente a un televisor eterno y consumidora de un inagotable batido que garantiza una contrahecha felicidad, incontestable estado de radiante ofuscación ─«prueben el azul, ¡es el nuevo rojo!»─ que no requiere de ninguna explicación ante lo obvio de su planteamiento. Dibujado este panorama atroz, el equipo dispone una fábula conmovedora, tierna y sensorialmente despampanante, que impide que apartemos la mirada ante tal precisión de detalles, matices, luz, color y del más mínimo efecto, un despliegue sin precedentes que vela la gran ironía subyacente: y es que la que puede que sea la mejor producción digital rodada hasta la fecha nos advierte de los peligros del excesivo desarrollo tecnológico, de la desmesurada ambición del hombre por conquistar nuevos terrenos que nos permitan mirar hacia otro lado mientras los artilugios creados por las mentes pensantes que rigen nuestros destinos se encargan de que todo funcione correctamente.

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Nuestro protagonista no fantasea con ovejas eléctricas, sino con los coloridos musicales del Hollywood dorado; y no ansía nada, más allá de poder coger de la mano a su amada. Pura sensibilidad, sencillez que descoloca por lo honesto, como sólo los grandes pueden hacerlo. Evidentemente, a medida que avanzan los acontecimientos las concesiones comerciales van cargando con el peso narrativo, de suerte que el tramo final se acelera ─demasiado, tal vez─ en una sucesión de carreras, huidas y trompicones que se rinden a las pretensiones abiertamente familiares que marcan la esencia de este film, imprescindible a pesar de todo. Existencialismo, conformismo, el despertar de la ingenuidad y el regreso a nuestros orígenes, temas que conviven de manera espontánea y natural y que se reflejan en unos ojos ineludibles que dejan de ser artificiales casi desde el mismo instante en que la proyección da comienzo, que vapulean al espectador de manera continua y efectiva, invitando a pensar tanto por su mensaje como por su perfección material, convertida en contundente aviso a una industria de carne y hueso que tiene aquí una dura rival, y no sólo en lo artístico y lo creativo. Y todo ello sin necesidad de diálogos ─prácticamente ni un palabra durante la primera media hora─ y con una banda sonora soberbia y comedida. Una invitación a soñar despiertos, un clásico inmediato convertido ya en un referente para las nuevas generaciones de espectadores y cineastas.

25 de enero de 2009

True blood

Hoy continúo con la serie True blood, por la cual Anna Paquin (la niña de El piano) obtuvo el Globo de Oro como mejor actriz de drama en televisión. Les copio la entrevista que le hizo Phil Mitchell y que se encuentra en el sitio www.record.com.mx:

El vampirismo es lo de hoy. Gracias al éxito de las novelas de Anne Rice o a cintas como Crepúsculo, se ha desatado una euforia por los llamados chupasangre que ahora ha alcanzado a la televisión, particularmente a HBO, a través de la serie que está siendo la sensación en Estados Unidos, True blood.

Su protagonista es Anna Paquin, a quien seguro recuerdas como la niña de El Piano (por la cual ganó el Oscar), y quien ahora, a sus 26 años, demuestra todo su talento y sensualidad en una historia llena de erotismo y elementos sobrenaturales que la llevaron a ganar, apenas el domingo pasado, el Globo de Oro en la categoría de Mejor Actriz de Drama, justo por su trabajo en esta serie creada por Alan Ball (ganador del Oscar por el guión de Belleza americana y creador de Six feet under).

Paquin interpreta a Sookie Stackhouse, una mesera con poderes telepáticos que vive en una pequeña comunidad de Estados Unidos, que es habitada por una extraña raza de vampiros, uno de los cuales, Bill (Stephen Moyer), le roba el corazón. En entrevista, la actriz comparte lo que significa para ella trabajar en este nuevo éxito televisivo que se transmitirá en México todos los domingos, a partir de mañana, en punto de las 22:00 horas por HBO.

¿Cómo obtuviste el estelar de la serie?

Me enviaron el guión y me encantó, además estaba involucrado Alan Ball y HBO… pero en realidad hice casting una y otra y otra vez hasta que me dijeron que sí (risas).

¿Cómo definirías a tu personaje?

Creo que es muchas cosas en una sola persona. Es fuerte, valiente e inteligente, pero al mismo tiempo es dulce, inocente e ingenua, aunque está consciente de que no es una persona común. Tiene una inmediata fascinación por Bill, aunque sabe que tener a un vampiro como novio no es algo que sea sencillo. Pero no quiero revelar muchas cosas de la trama (risas).

Sookie vive en un pequeño poblado. ¿Cómo fue el proceso para desarrollar a tu personaje?

Primero que nada tuve que aprender el acento de Louisiana, así que me puse a escuchar muchas cintas de personas que viven en esa área. Y lo que me di cuenta es que es sorprendente cómo la voz de una persona te puede decir muchas cosas respecto de la situación en la que vive.

Incluso cambiaste tu apariencia…

En esos poblados la vida transcurre a un ritmo diferente, lo cual lleva un reto en sí, pues es parte de convertirte en el personaje. Además, me tuve que broncear y teñir el cabello de rubio, así como leer los libros en los que está basada la serie.

En los libros Sookie es prácticamente la única protagonista, y en la serie no. ¿Esto es un alivio o algo que te decepciona?

Creo que es más divertido cuando actúas con un ensamble de actores pues, en este caso, estoy rodeada de personas extraordinarias con las que `juego´ todo el día. Me siento afortunada de trabajar con el equipo que tengo.

¿Sabes cuántas temporadas habrá de True blood?
Firmé contrato para siete temporadas. Creo que es algo sorprendente pero al mismo tiempo te presiona a hacer un show que se mantenga en un alto nivel y que le guste a la gente. Toco madera para que lleguemos a esos siete años.

LO QUE DEBES SABER

La serie está basada en la serie de libros titulada Sookie Stackhouse, escritos por la novelista Charlaine Harris.

Se estrenó el pasado 7 de septiembre en EU, y en México se comenzará a transmitir antes de que termine su primera temporada en ese país.

El personaje de Bill tiene 173 años.

Los vampiros coexisten con los humanos gracias a que científicos japoneses desarrollaron sangre sintética, la cual venden en cartones parecidos a los de la cerveza bajo el nombre de True Blood (de ahí el título de la serie).

Se ha convertido en la serie más popular para HBO después de Los Soprano y Sex and the city.

La primera temporada está basada en el primer libro de Harris sobre el tema, Dead until dark.

Stephen Moyer ya había interpretado a un vampiro en la miniserie británica Ultraviolet.

EN TU PANTALLA
Cuándo: Todos los domingos
Dónde: HBO
Horario: 22:00 hrs.

LOS PERSONAJES

Sookie Stackhouse
(Anna Paquin)
Es una mesera con poderes telepáticos, cuya habilidad en un principio fue considerada como una enfermedad mental por sus padres, quienes murieron cuando ella tenía siete años. La joven tuvo que ser criada por su tía y su abuela, y ante el acoso sexual de un tío, tuvo que ser llevada a otro hogar. Su fascinación por los vampiros, viene por consecuencia genética, pues en su sangre, hay algo que la hace sentir identificada con ellos.

Bill Compton
(Stephen Moyer)
Es el vampiro del que Sookie se enamora perdidamente. Originalmente, Bill llega al pueblo para investigar las habilidades mentales de la inocente mesera; sin embargo, tras salvarse mutuamente la vida, ellos comienzan a enamorarse, hasta que, por deber, Bill deberá regresar junto a su esposa.

Sam Merlotte
(Sam Trammell)
Es el dueño del bar donde Sookie trabaja. Él se interesa mucho por ella, al parecer de forma romántica, pero también como un guardián, hecho que se revelará en los primeros episodios.

Jason Stackhouse
(Ryan Kwanten)
Es el hermano mayor de Sookie, quien se desempeña como constructor.

Tara Thornton
(Rutina Wesley)
Es la mejor amiga de Sookie y la encargada del bar donde ella trabaja.

21 de enero de 2009

In treatment

Hoy le toca el turno a la serie de televisión, también de HBO, In treatment, por la cual obtuvo el premio como mejor actor de drama en televisión, Gabriel Byrne (que podemos recordar en Stigmata y en Mujercitas).

Les transcribo un comentario escrito a raíz de la primera semana de exhibición de la serie en España:

De la mano de esa garantía de calidad que es el canal por cable HBO nos llega «In Treatment», una serie atípica tanto por su planteamiento como por su rutina de emisión.

Argumento: Paul Weston es un psicoterapeuta que realiza sesiones semanales en su domicilio a diversos pacientes: una anestesióloga que acaba enamorándose de él, un piloto militar traumatizado por una de sus misiones, una adolescente con posibles tendencias suicidas, una pareja que está decidiendo si abortar o tener el hijo que están esperando... Sin embargo esas sesiones y sus propios problemas personales ocasionan que Paul termine acudiendo él mismo como paciente a Gina, su antigua supervisora, ya retirada y con la que siempre tuvo una relación difícil.

«In Treatment» es una serie en esencia realmente simple, y precisamente en su simplicidad radica su virtud. A ello contribuye su particular ritmo de emisión: un episodio de lunes a viernes; los cuatro primeros dedicados a las sesiones regulares para que el viernes Paul cambie de asiento y pase a ser un paciente más.

La sencillez se traslada al formato de cada episodio. Psicólogo y paciente hablando, simplemente hablando, uno enfrente del otro; sin ninguna escena que corte el diálogo, sin recuerdos escenificados, sin flashbacks, sin ningún artificio que distraiga de lo que realmente importa: los personajes. Tan sólo unos retazos de la vida personal de Paul, previos o posteriores a las sesiones, sirven para ir hilando la serie semana a semana.

Por supuesto la serie recae enteramente sobre los actores, lo que de por sí constituye un gran riesgo. Sin embargo unos magníficos diálogos y unas notables interpretaciones logran que el riesgo merezca la pena, conformando el que hasta hoy es el mejor estreno de la temporada. Como psicoterapeutas encontramos a dos veteranos: Gabriel Byrne («El Fin de los Días», «Stigmata») como Paul y Dianne Wiest («Balas Sobre Broadway», «Hannah y sus Hermanas») como Gina. Entre los pacientes del primero encontramos a actores como Melissa George («Alias»), magnífica pese a que hasta la fecha nunca me había convencido, Blair Underwood, (pluriempleado al participar en otras dos series actualmente en el aire: «Dirty Sexy Money» y «The New Adventures Of Old Christine») y Josh Charles («Sports Night»).

«In Treatment» es la perfecta muestra de que entre tanto fuego de artificio puede triunfar un producto sencillo y bien elaborado, sin más pretensiones que la de construir unos buenos personajes y mostrárselos al espectador tal cual, sin dobleces. De tan simple que es en su concepto, es una serie que hasta podría realizarse en España. Si aquí hubiera talento y/o se apostara por él, claro. En definitiva, una de esas series que te atrapa sin saber muy bien por qué, y a la que todo el mundo debería dar una oportunidad. Por supuesto habrá gente que la encuentre aburrida. Para esas personas la televisión americana creó la segunda y la tercera temporadas de «Prison Break»: acciones supuestamente espectaculares que no van a ningún sitio. Para los que buscan algo más en una serie, «In Treatment» es una apuesta segura.