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16 de septiembre de 2009

"Me llamo Elizabeth": una historia cotidiana

Hace algunas semanas, la Embajada de Francia, la Alianza Francesa y el Circuito de Cines Magaly, nos regalaron el Octavo Tour de Cine Francés. Pocas veces tenemos la posibilidad de sentarnos en una cómoda butaca, en un cine amplio, y observar un filme que hace honor al apelativo de “sétimo arte” que se le ha dado al cine. Esta fue una de esas veces. Lamentablemente hemos vuelto a las tontas comedias gringas, a las películas cargadas de efectos especiales per se y a las que pretenden capturar la atención de los niños. Y nosotros volveremos a la Sala Garbo a ver cine de calidad, y se nos pasarán las semanas sin una sola buena película en la cartelera.

Pero, entremos en materia, les contaré sobre la película de Jean-Pierre Améris, que tuve la oportunidad de ver. Una película corta (90 minutos), capaz de dibujarnos el complicado mundo de una niña de 10 años, que se pierde en los momentos trascendentales de las vidas de sus padres y hermana. Agnès, su hermana, deja la casa familiar para iniciar sus estudios en un internado en el que conocerá a más personas. Su padre Régis y su madre Mado (la actriz María de Medeiros), pasan por una difícil situación emotiva ante la inminencia de la separación. Adicionalmente, el padre de Betty (nuestra protagonista), quien es director de un centro psiquiátrico, está preocupado por la huída de uno de sus pacientes, Yvon, joven de 17 ó 18 años, que intentó suicidarse y que atacó a su madre con un cuchillo.

El escenario está servido para que Betty encuentre en Yvon un motivo de preocupación, alguien de quien ocuparse –ironías de la vida- mientras nadie se ocupa de ella. Pero la película, más que narrarnos el proceso de crecimiento de la pequeña Betty, lo que hace es contarnos la forma en que sus padres y su hermana se dan cuenta de que Betty se ha convertido en Elizabeth: una persona con temores, con deseos y que anhela que quienes la rodean posen su mirada en ella y le hablen, la escuchen y le confíen sus angustias.

Una película de corta duración, que nos narra la cotidianidad de la vida de las personas… de los niños; esas cotidianidades que son fuente de nuestros temores, tristezas y odios, que ocultamos y se asoman en todos nuestros síntomas.

Ojalá el Cine Magaly se convierta en una alternativa de cine de calidad en el centro de San José. Fue una bonita experiencia estar dentro de una sala llena de personas, ansiosas por ver cine de calidad.

3 de marzo de 2009

La escafandra y la mariposa

Recién entregados los premios Óscar, nuestros cines se llenan de películas premiadas. Es la oportunidad del año, pues podemos ver las películas que se estrenaron en los Estados Unidos el año pasado y que fueron elegidas por todas esas personas ligadas al mundo cinematográfico estadounidense.

Sin embargo, no podemos traicionar la sala que nunca nos traiciona y que siempre nos trae buen cine para disfrutar. Aunque con algunos años de retraso (pues el costo de los estrenos es alto), siempre tiene una buena película que ofrecernos. Por eso, no dude en ir el jueves pasado a la Sala Garbo, a disfrutar de la película francesa La escafandra y la mariposa.

Antes de comentar la película, les aclaro el significado de tan extraña palabra, que al menos no está en mi léxico cotidiano. Según el Diccionario de la Real Academia, escafandra es un "aparato compuesto de una vestidura impermeable y un casco perfectamente cerrado, con un cristal frente a la cara, y orificios y tubos para renovar el aire, que sirve para permanecer y trabajar debajo del agua".

El título no podría ser más descriptivo. La película nos cuenta la historia de Jean-Dominique Bauby, redactor de la revista Elle que luego de ataque al corazón pierde el movimiento de su cuerpo y solo lo conserva en uno de sus ojos. No puede hablar y se encuentra incomunicado, solo con sus pensamientos, enfrentándose a un mundo nuevo, muy diferente del que dominó como redactor de tan importante revista.

Al inicio, el juego con las cámaras ubica al espectador en la posición de Bauby, de forma tal que nos obliga a sentir lo que él siente. Estamos atrapados en un pequeño espacio de visión, sin poder comunicarnos con un grupo de personas que creen saber lo que queremos. Luego, las cámaras cambian su visión, pero ya han logrado ese objetivo inicial, del cual no podremos liberarnos hasta salir de la sala de cine.

La película transcurre desde la impresión de despertar luego de un coma, sintiéndose ajeno a ese nuevo mundo, pasando por estados en los que Aubry siente lástima de sí mismo y prefiere estar muerto, a una tenacidad indescriptible, que lo lleva a lograr comunicarse por medio del parpadeo de su ojo. Es así como "escribe" una novela en la que narra su experiencia.

La forma en que Mathieu Amalric (en el papel de Aubry), logra comunicar sus sentimientos, sus pensamientos y sensaciones, con solo el movimiento de su ojo, es impresionante. Ya de por sí el juego de cámaras inicial nos ha hecho meternos en su piel. Era evidente que aun cuando su cuerpo era inútil, logró utilizar el único recurso que le quedaba para comunicar la vivacidad de su mente. Fue una verdadera suerte que lograra superar su deseo de morir, para dejarnos una historia maravillosa, que luego podríamos conocer por medio del cine.